Esta es una entrevista que le hizo Ragazza a Diego Martín:
Nombre completo: Diego Martín Gabriel.
Nació en: Madrid (pero me considero vallisoletano), el 21 de septiembre de 1974.
Profesión de los padres: Catedrático de Inglés y empleada del Departamento de Prensa del Banco de España.
Lo hemos visto: En cine, Resultado final, Días de fútbol, Los Borgia, Días de cine. En TV, Policías, Aquí no hay quien viva. En teatro, Rondó para dos mujeres y dos hombres, de Ignacio Amestoy.
Lo veremos: Un buen día lo tiene cualquiera, de Santiago Lorenzo; Mataharis, de Icíar Bollaín, y Los Justos, de Manuel Carballo. En TV, la serie Hermanos y detectives.
Le curtió: Cuando estudiar interpretación empezó a generar presión y no disfrutaba.
Golpe de suerte: Empezar Derecho, la gran cantera del resto de profesiones.Tener a Luis Landero de profesor.
Cómplices: El actor Roberto Álamo, el realizador televisivo Salvador Calvo, los directores David Serrano, Manuel Carballo y Antonio Hernández, que, para mí, es EL DIRECTOR.
Le va: Las series americanas: Aportan riesgo e ideas. Los Soprano, por decir una, es mi religión. Leer. Federico Luppi, Marcello Mastroianni y Woody Allen. El fútbol. El iPod. París. Los relojes. Los tacones de mujer: Soy fetichista. La lluvia. Las sobremesas. Imitar (y nos sorprende con su Luppi).
No le va: La poca autocrítica del cine español. La prensa del corazón y el famoseo. Los gimnasios. La falta de respeto. Las entrevistas: Cuando me leo, me siento como un idiota.
Punto fuerte: La fuerza de voluntad y la lealtad.
Punto débil: Soy bastante derrotista y contradictorio.
Asignatura pendiente: Superar la tendencia a la melancolía.
Ambición profesional: Estar satisfecho de mi vida en la vejez.
Posesión más preciada: Mi chica, mis amigos y mi casa.
Esta es una entreviste de Cineando:
-Cineando: En Mataharis interpretas a Manuel, ¿cómo describirías a tu personaje?
-Diego Martín: Manuel es un tipo normal, un tipo con un trabajo más o menos estable, con unos hobbies, a los que dedica tiempo, y un tipo que cree que la vida merece la pena ser vivida y que trabaja para vivir y no vive para trabajar. Y a partir de ahí, yo lo veo un personaje de aplicar mucho el sentido común. El conflicto que cuenta la película, tanto a nivel laboral como el que tiene con la que es mi pareja en la película, que es el personaje de María Vázquez, se ve envuelto en una serie de luchas sindicales en las que él aplica el sentido común. Es un poco uno de los héroes de la película, pero no tanto porque se vea abocado a tomar decisiones, como los demás, todos los demás en un momento dado tienen que tomar la decisión de qué tipo de persona quieren ser y qué tipo de vida quieren tener, y al mío no le veo como de mucho elegir porque le sale de manera muy natural. No puede ser de otra manera, le sale así y en ese sentido no tiene un dilema que resolver.
-Cineando: ¿Qué es lo que te atrajo de Mataharis?
-D.M.: En primer lugar, por supuesto, que era trabajar con Icíar Bollaín, y eso en gran medida, antes de leer el guión completo ya el hecho de que fuera firmado por Icíar me atrajo, indudablemente. Y luego, pues que el guión está muy bien, es, como se ha comentado en la rueda de prensa, un guión muy cerrado, muy ya pre-hecho, y que ver ese nivel de sutileza y como resuelve las escenas con tan pocos elementos pues es muy atractivo.
-Cineando: En tu opinión, ¿cuál es la mayor virtud de la película?
-D.M.: Yo creo que la mayor virtud de la película… te diría dos: por un lado contar cosas muy importantes, muy grandes, emocionantes, vitales, de una manera muy, muy, muy sutil y muy pequeña, y luego, enlazando un poco con esto, convertir temas que aparentemente, y sobre todo que en el cine aparecen como poco cinematográficos, porque son más protagonistas de nuestras vidas que otra temática que normalmente vemos en el cine. Creo que aunque pudiera haber gente que no considerara demasiado cinematográfico lo que cuenta la película, yo creo que todo el mundo se va a sentir muy identificado con ella.
-Cineando: ¿Cómo te gustaría que salieran los espectadores que vean la película?
-D.M.: Me gustaría que salieran tocados, que salieran reconsiderándose cosas, porque creo que es una película que pone en la palestra temas como la confianza, o los secretos, la vida pública y la vida privada. Que pudiera generar conversaciones y que la gente sintiera a lo mejor que no está sola y que hay mucha gente en el mismo terreno de juego jugando a conciliar vida personal y vida profesional. Y que los conflictos que hay en esta película todos hemos pasado por ellos, y va a haber muchas, muchas, muchas frases que les suena a todo el mundo.
-Cineando: ¿Crees que Mataharis es una película necesaria tal y como vive la sociedad española?
-D.M.: Yo parto de la base de que no hay ninguna película “necesaria”. Las hacemos con todo el cariño y esperamos que gusten. Quien quiera darle una interpretación más intelectual o más emocional, o más de entretenimiento, cada uno es libre de hacer el uso del cine que quiera. Asi que, bueno, yo no lo consideraría una película necesaria pero porque considero que ninguna lo es. A mi desde luego me toca mucho y me parece muy estimulante como espectador, no sólo como partícipe de ella, pero bueno, espero que cada uno le sepa sacar un provecho.
-Cineando: A nivel profesional y personal, ¿qué ha significado para ti hacer Mataharis?
-D.M.: Otro paso más, otra experiencia más, otro trabajo, importante, jugar con Icíar Bollaín es jugar en primera división. Y la película espero que se vea y espero que guste, pero bueno, es otro trabajo más. Cuando digo que es otro trabajo más no pretendo ser peyorativo en el sentido de uno más, que pasa y no deja huella, sino que yo tampoco distingo entre trabajos y establezco una clasificación, a todos les doy la misma importancia y les intento poner el mismo cariño. Asi que, bueno, pues un paso más en mi carrera, otro trabajo, muy importante, en el que he aprendido muchísimas cosas y del que estoy muy orgulloso porque creo que el resultado es muy bueno.
-Cineando: Ya la última pregunta, ¿cómo te describirías como actor?
-D.M.: Nunca osaría hacer semejante cosa, de describirme ni como actor ni como persona. Un actor es una cosa que está hecha para inspirar cosas a los demás, asi que no me definiría, simplemente.
Una entrevista de Cosmopolitan:
Cosmopolitan: Antes de ser actor ibas para abogado, ¿no? |
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Diego Martín: Pertenezco a esa generación que empezó Derecho porque no sabía qué hacer. Es una carrera que define muy bien vocaciones posteriores: conozco a muchísima gente que comenzó Derecho y luego se dedicó a otras cosas. Yo no tenía ninguna vocación de abogado. |
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Cosmopolitan: Y llegó la interpretación… |
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Diego Martín: Durante la carrera empecé a interesarme por casualidad, porque yo no fui de los que dan la vara con “mamá quiero ser artista” desde los dos años. Una amiga se metió en el teatro universitario y yo me enganché un poco por curiosidad. Fui participando en cosas, luego en otras y me decidí a estudiarlo más en serio. Cuando estaba en segundo o tercero en la facultad ya trabajaba a nivel profesional. Como no podía seguir compaginando ambas facetas, abandoné Derecho. |
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Cosmopolitan: Daniel Guzmán y tú habéis coincidido en Policías y ahora ejercéis de rivales en Aquí no hay quien viva. Sois prácticamente pareja de hecho, ¿no? |
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Diego Martín: Vamos camino de ello. Lo cierto es que nos llevamos muy bien. Por casualidad hemos ido coincidiendo y aunque tenemos un carácter opuesto en muchas cosas, en otras nos complementamos bien. Yo he pasado muy buenos ratos con Daniel: es como trabajar con un niño de ocho años pero en plan divertido. |
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Cosmopolitan: ¿Es la televisión tan mala como nos la quieren pintar? |
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Diego Martín: Yo no considero que el cine sea la cima de esta profesión. La diferencia está en los proyectos. En Estados Unidos, por ejemplo, la televisión que se hace está muy por encima del cine. Pero aquí, para empezar a creértelo, tienes que entender que la televisión es un medio donde se pueden abordar proyectos de mucha calidad. Hay que quererlo, lucharlo y tener ideas. |
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Cosmopolitan: ¿Qué tal llevas la popularidad? |
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Diego Martín: Según el día. Se disfruta poco, se padece y se sobrelleva. Uno intenta decirse a sí mismo que la popularidad es el reflejo de que algo funciona. Sería tonto negar que esa misma popularidad tiene un reverso bueno, como el poder acceder a sitios donde antes te resultaba imposible, contar con más posibilidades de trabajo o de conocer a gente importante. Pero, por otro lado, llega un momento en que no se distingue si eres actor o no, si estás aquí o estás allá. Sales en la tele y ya. Y luego pasa como en todo: hay gente muy educada que te felicita y otra terriblemente maleducada. |
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Cosmopolitan: Tu personaje en Aquí no hay quien viva es un poco patético. ¿Crees que alguna mujer en su sano juicio se enamoraría de Carlos? |
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Diego Martín: Hombre, no lo sé. Yo opino que Carlos ha seguido una evolución muy curiosa que me ha sorprendido hasta a mí. De ser uno de los mayores perdedores en la serie y en casi toda la ficción televisiva española, ha pasado a convertirse en un chico incluso entrañable. Los hombres somos tan volubles, tan incapaces de mantener un compromiso y una decisión, que la lealtad infinita de Carlos (casi hasta la náusea) engancha. Dentro de lo frikie que es siempre está ahí, no te falla nunca. |
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Cosmopolitan: ¿Qué te gusta hacer cuando no ruedas? |
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Diego Martín: Lo normal: leer, comer con amigos, viajar, ver cine, practicar ciclismo y charlar. Nada extravagante. Pero lo cierto es que llevo muy mal estar sin trabajar, sobre todo porque soy muy inseguro. Hay una parte de mí un poco funcionaria, que en el fondo desearía tener un sueldo y un trabajo fijo. |
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Cosmopolitan: Entonces serás un chico bastante previsor. |
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Diego Martín: Voy por fases. Hay momentos en los que quiero ahorrar para el futuro, pero después soy bastante caprichoso y manirroto. Luego tengo bastantes vicios y me interesa casi todo, aunque prácticamente nada lo suficiente como para dedicarme muchísimo a ello. |
Esta es una entrevista de Noticias de Guipúzcua:
Parece que si alguien no sale en televisión no existe.
De acuerdo. Pero a mí todavía no me ha ocurrido porque Antena 3 ha estado reponiendo continuamente la serie. Mi sensación de que todavía soy ese novio super pijo existe, aunque hace tiempo que yo ya no trabajo en la serie.
¿Ha trabajado en este tiempo?
En medio de las dos series, ésta, la que estamos haciendo, y la que hice en Antena 3, he rodado tres películas y espero que siga teniendo trabajo, aunque no tenga tanta repercusión.
¿Le marcó mucho Aquí no hay quien viva ?
Sí, como a todo el mundo. De repente vives como en una explosión y todo el mundo te para, te reconoce, se quiere hacer una foto contigo. Lo que ocurre es que a nivel interno no se nota, te trata de aislar.
¿Le molesta la fama?
No exactamente, pero sí me molesta perder la invisibilidad. Eso de ir a un sitio y que no puedas ni respirar te produce muchas sensaciones.
¿Cómo se consigue un poco de paz?
Hay muchas formas de conseguir la paz, una de ellas es no acudir a los lugares en los que está la prensa, en lo que hay un lleno de gente. Para el espectador somos como una especie de holograma televisivo. Pero no quiero dar la sensación de que me molesta la fama. Quizá sería un tanto desagradecido, es cierto que el que tu personaje cale en la calle hace que tengas más trabajos y que puedas elegir.
¿Le gustaba su papel?
Tenía tirón. Si lo que me preguntas es si me identifico personalmente con él, te diré que no.
¿Era interesante ser tan pijo?
Era un tipo que tenía dinero, era lo único que tenía.
Le parecerá poco, aunque fuera en la ficción, hacía usted unos regalos de lo más interesantes.
Pero el personaje era muy triste. El único lujo que se podía permitir era el comprar regalos para que la gente le aceptara. Tiene que ser muy triste, pero que muy triste, ser de esa manera. El dinero era su único arma.
¿Tenía algo bueno el personaje?
Era triste, pero tierno.
¿Cuesta más la televisión que el cine o el teatro?
No es mi intención hacer comparaciones. Son tres medios para un actor y cada uno tiene sus características. Yo me siento cómodo en cualquiera de ellos. Lo importante es hacer un buen trabajo, que todos tus compañeros tengan un buen papel, que los guiones estén bien escritos. Después, todo será cuestión de suerte, de que guste o no guste al espectador.
Hay compañeros suyos que dicen que hacer televisión es un trabajo menor.
Hay actitudes de hipocresía, hay quien cree que el teatro es lo sublime, que exige más al actor. Lo que exige al actor no es el medio, es el trabajo bien hecho. Es cierto que hay compañeros que piensan que el teatro es el arte del actor.
¿No piensa usted lo mismo?
No, pienso que puede haber arte también, y mucho, en cine y televisión. A mí lo que me interesa más es contar historias. Dónde las cuento es lo de menos, siempre si mi trabajo está bien hecho.
¿Cambia de registro en la serie?
Sigue siendo una comedia, se basa en la relación de un hombre con su hermano y se van a producir situaciones muy divertidas.
Daba la sensación de que era una serie policíaca.
Hay casos reales, pero también habla mucho de las relaciones humanas y eso da lugar tanto para la comedia como para el drama. Acepté porque me parecía que era un personaje que se ajustaba muy bien a mis características personales.
Si vuelve a televisión...
...Ya, vuelve la fama y otra vez en el candelero, pero tú lo has dicho antes, además eso lo sabemos todos, si no sales en televisión parece que no existes para el universo. Pero, salgamos o no, los actores somos parte de la sociedad en la que vivimos. La fama es lo de menos.
Le recuerdo que hay personas dispuestas a cualquier cosa por la fama.
Y qué lo digas. Pero creo que no estamos hablando de trabajo, ni siquiera de periodismo, estamos hablando de espectáculo y eso desde luego no es lo que a mi me gusta. Ser conocido influye en que tengas mayores posibilidades de contratos de trabajo. No lo vamos a negar, y quien lo haga es que no sabe lo que dice. Pero eso no significa que tengas que tener una fama a cualquier precio, a eso me niego.
¿Relaja alejarse del mundanal ruido televisivo?
Indudablemente. La televisión es un medio muy radical, o triunfas o fracasas. No tiene término medio, es así.
¿Ha evitado algo en los meses de euforia?
Por ejemplo, no se me ocurría pasar por delante de un instituto a la salida de clase. Si cruzabas por delante de uno y no te dabas cuenta, la locura se disparaba.
¿Le ha dejado en paz la prensa del mundo del corazón?
Afortunadamente, ese mundo me ha rozado muy de refilón.
Me han advertido que es usted muy especial para las entrevistas.
Pues, que yo sepa, no. Te he contestado a todo lo que has querido.
Me han dicho que no le pregunte por su plato de comida preferido.
Es que no sé a quien le puede interesar lo que yo coma. Me gusta más hablar de trabajo, de proyectos, de ideas. ¿No es más interesante?
¿Su familia aceptó de buen grado que fuera actor?
No es una cuestión de que reciban las cosas de buen grado. Siempre pilla a contrapié que un hijo tuyo diga que quiere dedicarse a esto.
¿Miedo?
Siempre hay miedo, pero también por tu parte. Has decidido algo que sabes hasta dónde te va a llevar.
¿Le gusta el reality, los programas del corazón?
Rotundamente no. Me gusta poco el circo en el que se han convertido.
Una entrevista de ElPeriodico.com:
--Un buen día lo tiene cualquiera no es un alegato contra la especulación sino una comedia pura y dura. ¿El cine es pasarlo bien no y no realizar denuncias sociales?
--Depende de la película, pero a mí no me interesa el cine explícito, ya sea de tema social o de violencia. Me parecen más interesantes las cintas que hablan de unos personajes a los que les pasan cosas. Me gustan más los artistas que no juzgan sino que simplemente plantean. Sin embargo, el hecho de no denunciar explícitamente no quiere decir que la película tenga como único objetivo el de hacer reír.
--Usted es propietario de una casa. No sé hasta qué punto tiene derecho a protagonizar esta película...
--Más bien soy propietario de una hipoteca, como todo el mundo.
--¿Ha estado en algún momento de su vida tan perdido como Arturo, el protagonista?
--Una cosa que me une a él es tener la sensación de que no controlamos lo que sucede, que todo está en manos del azar.
--¿Cree en los golpes de suerte?
--Sí, lo que no sé es por qué se producen. Siempre he tenido miedo al descalabro total, a la miseria, a dejar de trabajar y a no tener capacidad de salir adelante.
--¿Qué le enseñó Luis Landero?
--Él fue un regalo del cielo. Fue mi profesor de literatura dramática y asistir a sus clases era un privilegio.
--Este año irá a San Sebastián con Mataharis. Es un honor, ¿no?
--Un honor y un miedo. Será la primera vez que vaya al festival como integrante de esta profesión.
Esta es una entrevista de ElIdeal.es:
-Parece que se ha quedado sin verano por la grabación de esta nueva serie...
-En esta profesión no tener vacaciones no sabe mal. Cualquier actor elegiría quedarse sin ellas antes que tenerlas forzadas.
-¿Cuál ha sido su mejor verano?
-No sé..., puede que alguno de la infancia.
-¿Qué tal se siente en el papel del detective Daniel Montero?
-Muy bien, porque no es un detective que se dedica a investigar sin más, sino que su trabajo es resolver homicidios.
-¿Ha sentido en alguna ocasión que el investigado era usted?
-La carrera de actor te da una fama, es algo que viene con este trabajo, y a veces puedes sentirte un poco observado.
-¿Le suelen reconocer por la calle?
-Hay de todo, pero me han llegado a reconocer en una moto y con el casco puesto.
Forofo
-Una vez le vieron en el estadio del Valladolid y el público se sorprendía de que estuviera allí...
-Seguramente les extrañaba ver a alguien de la tele en un partido de fútbol, y más del Valladolid.
-Es un gran seguidor de ese equipo. ¿Qué tal lleva la vuelta a la Primera División?
-Con euforia y excitación. Hemos vuelto al sitio donde hemos estado casi siempre y donde debemos estar. Espero que sea un buen año.
-Le doy a elegir entre dos titulares: 'El Valladolid gana la Liga' o 'Diego Martín, nominado a un Goya'.
-Ahora mismo no es fácil que salga nominado, pero más difícil es que el Valladolid gane el campeonato, así que me quedo con el primer titular.
-¿Entonces, no le hace ilusión un Goya?
-El reconocimiento es estupendo, sabe muy bien y se agradece, pero no es el objetivo de mi carrera. Los premios no te hacen mejor actor.
«Tengo puntos cálidos»
-¿Prefiere cine o televisión?
-No entiendo por qué me hacen siempre esa pregunta, me parece absurda porque todo depende de los proyectos, no del medio.
-En la pequeña pantalla hizo de policía, ahora de detective... ¿Qué tal anda de sangre fría?
-No es una de mis especialidades. Tiendo a tener puntos cálidos.
-Pues su personaje va a necesitar mucho temple para hacerse cargo del hermano que le llega de Argentina. ¿Qué tal se le dan los niños?
-A mí un poco mejor que al personaje. El pobre no sabe muy bien cómo manejar al hermano que le ha aparecido por sorpresa: no es solo reírle las gracias sino que tiene que cuidarle.
-Comenzó la carrera de Derecho. Hágame una buena defensa de la serie.
-Si tuviera que hacer una defensa con mis conocimientos de Derecho íbamos a andar bastante mal, porque recuerdo más bien poco.
-Entonces dígame, como telespectador, por qué debo verla.
-Es una serie muy, muy, muy divertida, que busca sobre todo entretener.
-¿Cree que al público le costará olvidarse del Carlos de 'Aquí no hay quien viva'?
-No pierdo tiempo en pensar en eso, sino en trabajar lo mejor posible. Si la gente tiene un buen recuerdo de Carlos, me alegro, pero espero que lleguen nuevos papeles a los que también cojan cariño.
Una entrevista de la página miarroba.com:
-'Policías', 'Demoda', 'Aquí no hay quien viva'. Y ahora me dirá que usted de la televisión sólo ve los documentales de La 2.
-No. Yo soy un absoluto defensor de la televisión. En España se tiene muy mal concepto de la televisión como medio de comunicación y es porque está desaprovechado. Yo intento verla porque me gusta, aunque a veces es complicado encontrar algo que merezca la pena. No hay opciones. Pienso que hay que reivindicar contenidos más dignos, crecer en proyectos de calidad e invertir el dinero necesario.
-Si dependiera de usted, ¿también programaría 'Aquí no hay quien viva' el mismo día que 'Los Serrano'? (Las dos series más vistas de la temporada).
-Me parece un horror. Esto también es parte de la problemática. La televisión en España tiene una clara vocación fratricida; las cadenas tienden a cargarse los productos de las otras cadenas. Más que defender su propio producto -desaparece de la parrilla sin avisar, lo cambian continuamente de día...- lo que quieren es que el de al lado no saque el suyo adelante. El mundo de las cadenas de televisión debería restablecer sus términos.
Falta de memoria
-Llegó de visita y parece que se queda a vivir en la comunidad de 'Desengaño 21'.
-Estoy muy orgulloso de mi trabajo en 'Aquí no hay quién viva'. Empecé con un pequeño papel en la serie pero conectamos muy bien y he ido teniendo cada vez más protagonismo. Para mí esto ha sido un plus de alegría.
-¿Qué pasará si finalmente Fernando Tejero (Emilio, el portero) abandona la serie?
-Lo fundamental de esta serie son los guiones. Tejero es uno de los elementos importantes, pero también lo era Loles León y la serie ha sobrevivido perfectamente. Pasó también con 'Siete vidas'. Todo el mundo pensaba que si se iba Javier Cámara no podría continuar, y ahí sigue, triunfando. Lo importante es crear personajes de los que la gente se pueda llegar a enamorar.
-Hablando de personajes. Lo suyo es hacer de pijo, rico, guapo...
-He hecho cosas muy distintas, lo que pasa es que en España hay muy poca memoria. En 'Policías' hacía un papel serio, y luego me costó muchísimo que alguien me quisiera para hacer una comedia. Ahora me pasa lo contrario.
-¿Tiene miedo a quedarse encasillado?
-No me importa. Mientras siga trabajando, que me encasillen.
-Iba para abogado y...
-Lo dejé porque no era lo mío. La carrera de Derecho es una de las grandes canteras de todo el resto de profesionales
Diego Martín nació el 21 de septiembre de 1974 en Madrid, aunque se siente vallisoletano. Él y su hermano Jacobo encaminaron su futuro hacia el mundo de la interpretación, si bien Diego se matriculó en la carrera de Derecho, la cual no llegó a concluir. Para ello se dispuso a estudiar. En 1993 cursó interpretación y verso con M. A. Conejero. Al año siguiente se convirtió en alumno de Armando Vidal. Finalizados esta formación básica, se matriculó en la escuela de Juan Carlos Corazza. Para complementar estas actividades siguió sendos cursos de voz con Carolina Colom (1996) y Lidia García (1997), a cuyo término se matriculó en un curso de movimiento y expresión con Antonio del Olmo, y en uno de dirección escénica, ofertado por la RESAD en 1998.
Durante aquellos años de estudio, Diego Martín obtuvo sus primeras experiencias profesionales con un pequeño papel en la película Resultado final —último filme dirigido por Juan Antonio Bardem—, y en algunas obras de teatro como El avaro (1995), Dos duardos, Esto es amor, Quien lo probó lo sabe y Yepeto.
En 1999 obtuvo su primer papel fijo en televisión en Periodistas. Concluida su participación, Luis San Narciso le fichó para Policías, en el corazón de la calle, en la que el actor incorporó a Jaime, un policía severo y rígido en sus relaciones sentimentales, pero también impulsivo a la hora de vengar a un amigo (Rafael: Daniel Guzmán) que quedó parapléjico en un tiroteo.
Aquel año, Martín compaginó el rodaje en el plató de televisión con dos obras de teatro: Camino de Wolokamsk —con la que daba término a una larga colaboración con el director teatral Juan Antonio Quintana— y El tiempo y los conway, esta última bajo la dirección de su antiguo profesor Juan Carlos Corazza.
En 2002 regresó a las tablas con Openheart: el triángulo, dirigida por Andrés Lima, y en la que tuvo de compañeros de reparto a Pilar Castro, Diego París y Secun de la Rosa. De esta manera Martín entró en la órbita del grupo teatral Animalario. En ella Martín se puso en la piel de Jean Jack, un cantante invitado por un matrimonio a pasar el fin de milenio con el con la intención de seducirle —en caso de la mujer— y de usarle como cobaya —caso del hombre—, sin saber estos dos que el joven es capaz de todo por obtener dinero con el que financiarse la carrera. La pieza pretendía ser una reflexión sobre cómo los individuos se utilizan entre sí para lograr sus fines en una sociedad cada vez menos solidaria. Con su participación en la obra, Martín consiguió asociar su nombre a un tipo de teatro crítico, y por otra parte estrechar sus relaciones en el mundo del cine.
Efectivamente, a raíz de sus contactos con Animalario, Martín logró su primera aparición importante en cine en Días de fútbol, en la que encarnó a un hombre solitario que no podía besar a una mujer sin padecer una bizquera.
En 2003 concluyó el rodaje de Policías. Diego entonces se unió al elenco de una serie, Una vida nueva. En ella el actor se puso en la piel de Manu, un médico sensible, tímido y entregado al trabajo. La serie fue retirada prematuramente de emisión, dejando al actor sin trabajos importantes en ese medio.
Una intervención episódica en 7 vidas —donde encarnó a un gay que estudiaba la posibilidad de cerrar un contrato entre una marca de cerveza y un bar de cuyo dueño se había quedado colado— y Paraíso resolvió la crisis. Poco después Martín interpretó a un homosexual en una serie de las televisiones autonómicas, De moda, en la que su personaje aconsejaba a su mejor amigo (David: Toni Cantó) sobre sus relaciones sentimentales.
Martín compaginó el rodaje de esta última con el de Aquí no hay quien viva. La directora de casting de aquella, Elena Arnao, le seleccionó para el papel de Carlos, un personaje en principio episódico que adolecía fuertes carencias afectivas y que en la tercera temporada se convertía en principal. El papel de Carlos era el de un treintañero pijo, todavía enamorado de su ex (Lucía: María Adánez), repleto de inseguridades por la falta de amor en su vida, y que terminaba ingresado en un psiquiátrico para resolver sus problemas.
Para evitar el encasillamiento, sin abandonar la actividad televisiva, volvió a los escenarios con Ronda para dos mujeres y mujeres, un análisis sobre la igualdad de los sexos. Concluida la gira se unió al reparto de Los Borgia (2005). En ella interpretó a Perotti, el guardián de Lucrecia Borgia, a quien deja embarazada; hecho que precipita su asesinato a manos de César Borgia. Tras su paso en la película de Antonio Hernández se incorporó al rodaje de Días de cine, donde repitió bajo las órdenes de David Serrano. Al término de la misma, Martín abandonó Aquí no hay quien viva en beneficio de su primer papel protagonista en cine en Mataharis, donde se puso a las órdenes de Icíar Bollaín.
Al final el rodaje, el actor consiguió su primer papel protagonista absoluto en Al calor de las brasas, Arturo, un treintañero sin blanca que logra entrar en el sistema social a ancianos para vivir pagando un alquiler mínimo. La película supondría además la oportunidad de volver a su tierra natal. Le acompañaron Ana Otero y Roberto Álamo.
En octubre viaja a México para protagonizar el largometraje de Manu Carballo Los justos, en el que interpreta a Teo, un periodista que se ve envuelto en una serie de asesinatos cuyas víctimas son personas que nacieron en el mismo día.
Hermanos y detectives' llega a Telecinco
Telecinco estrena una nueva serie de ficción, 'Hermanos y detectives', una comedia detectivesca protagonizada por Diego Martín y Rodrigo Nova. Esta nueva producción de Telecinco cuenta con el respaldo del éxito obtenido en Argentina.
Un rutinario inspector de policía percibe una peculiar 'herencia': hacerse cargo de la custodia de su hermano menor procedente de Argentina que, desconocido hasta entonces y dotado de un alto cociente intelectual, iluminará su vida y revolucionará su trabajo.
Este será el punto de partida de 'Hermanos y detectives', comedia detectivesca protagonizada por Diego Martín y Rodrigo Noya, que supone la adaptación del formato original argentino y que será la nueva apuesta de Telecinco, en colaboración con Cuatro Cabezas.
Diego Martín es Daniel Montero, un inspector de policía de vida tranquila y predecible.
Diego Martín dará vida a un oficial de rango menor miembro de la Brigada de Homicidios de la Policía. Inmerso en la treintena, disfruta de la tranquilidad que le aporta una vida más que predecible: vive solo en un pequeño apartamento de alquiler y sus relaciones sociales se reducen a las que tienen lugar en su rutinario trabajo administrativo y a esporádicas reuniones con sus amigos.
Abandonado por su padre cuando contaba con pocos años de edad, se enroló en el Cuerpo de Policía para tratar de paliar esta carencia afectiva. Tras una apariencia ciertamente huraña, esconde una sensibilidad que roza en ocasiones lo infantil, aunque conserva un carácter noble y una rectitud moral envidiables.